Había hecho todo bien. Después de un día largo en el trabajo había cenado, tomado una cantidad razonable de vino y disfrutado de una comedia amena. Todo auguraba una noche de lunes sin sobresaltos y una buena cantidad de horas de sueño para hacer frente a una semana difícil. Hacía sí, un poco de calor pero no le tuvimos miedo: el hombre occidental el ventilador de pie exactamente para estas situaciones.
Una horas más tarde, me retuerzo en la cama y rechino los dientes. El sueño se hace rápido y confuso. Despierto en un mar de angustia y sudor injustificados.
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Hace unos días tuvimos visitas en Nauticomio. Recibimos con bombos y platillos (aunque a él no le simpatizen demasiado) a nuestra más reciente incorporación, Ignacio Platt,, y las consecuencias ya se dejan ver. Los primeros comentaristas, un poco sorprendidos, reconocen en él a un principio de contrincante y se entusiasman. A mí me pasa un poco lo mismo. Pero para eso lo invitamos, para desafiar y ver qué pasa, para hurgar en las respuestas de nuestro libreto, para poner a prueba el sistema inmunológico de nuestro querido progresismo.
Hay un costo, claro está. De ahora en adelante la primera persona del plural nos va a estar vedada, se acabó el “creemos” o el “nos parece”. Este es el fin de la línea editorial de Nauticomio (suponiendo que alguna vez existió). Mejor, opino. Más divertido.
El otro peligro es que triunfe Platt. Que arrase con el (¿gigantesco?) público nauticomiero y se transforme en la nueva sensación blogueril. Por más antipático e improbable que nos parezca (más lo primero que lo segundo), tendremos en ese caso que hacernos cargo, armarnos de coraje y nadar contra la corriente. No sería la primera vez.
Por alguna razón que desconocemos, Nacho eligió empezar por defender la posición del grupo Clarín de la forma más insólita, hacer referencia a la enfermedad de Héctor Magnetto. No, no se trata del malo de X-men sino del CEO del multimedio en cuestión.
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