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- Por Francisco Oteiza - ene 19, 12:33
Había hecho todo bien. Después de un día largo en el trabajo había cenado, tomado una cantidad razonable de vino y disfrutado de una comedia amena. Todo auguraba una noche de lunes sin sobresaltos y una buena cantidad de horas de sueño para hacer frente a una semana difícil. Hacía sí, un poco de calor pero no le tuvimos miedo: el hombre occidental el ventilador de pie exactamente para estas situaciones.
Una horas más tarde, me retuerzo en la cama y rechino los dientes. El sueño se hace rápido y confuso. Despierto en un mar de angustia y sudor injustificados.
Hace unos años comprendí que Enero en Buenos Aires no está mal, o que por lo menos es igual de insoportable que cualquier otro destino turístico en temporada alta. Pero este enero se perfilaba complicado. Fue así que M y yo decidimos tomar el toro por las astas y meternos en el cine ese primero de enero a sacudirnos la primera resaca del año viendo Avatar.
Salí enojado. No podía entender como un proyecto de esa magnitud (económica) tuviera tan pocas ambiciones narrativas, tan poco esfuerzo imaginativo.
Creí por un momento que además de la mega cámara 3D (que no aprecié, porque la vi en 2D como buen loser) Cameron había también inventado la máquina de hacer guiones: Uno aprieta un botón y empieza a chorrear lugares comunes. Se había servido mucho, sí, pero tenía sentido porque su peli duraba tres horas, qué le iba a hacer, y aparte era su máquina así que para qué amarretear.
La sensación de estar viendo una película acerca de extraterrestres no puede durarle al espectador más que 15 minutos. A partir de entonces, empieza a trazar las equivalencias: persona azul alta=persona, caballo azul alto=caballo, perro negro=perro negro, y listo, es una película acerca de personas. De ahí solo resta tribalizarlas y dejarlas en una selva (sospechosamente terrícola). Leí que Cameron pretendía, con Avatar, ganarle a Lucas en su propio terreno y me pareció gracioso: a Cameron no se le hubiera podido ocurrir ni Chewbacca.
Me molestaba mucho la ideología naif y poco sutil de la película. Binarismo puro: no hay salida para el hombre patético y capitalista más que la antropofagia y la violencia. Los otros son buenos, porque son como nosotros, pero antes: el romanticismo primitivista infaltable. Con el salto agregado de la conexión implícita humano-capitalista tan de hoy, tan imperceptible.
Y finalmente la solución: expatriar a los distintos, porque comprenderse y llegar a acuerdos está fuera de discusión. Eran unos o los otros. Me gustaba creer que las cosas no eran así, por más que este pareciera ser el espíritu de la época.
Pero resulta que este martes por la madrugada despierto conmocionado quién sabe con qué, y lo primero que atino es a buscar el celular. Tengo un mensaje de C, diciendo simplemente: “vi Avatar, estoy muy afectado”, y me pregunto si mi amigo hipocondríaco no tendrá razón, si Avatar no será cierta, si Cameron no tiene razón y esto se va directo al tacho, sin escalas.
Respiro. Tomo agua y aumento la potencia del ventilador. No, era el calor nomás, todavía hay esperanza. Por lo menos eso me gusta creer a mí.
—Johnson y Johson · 22 enero, 15:38 · #
Bien hecho. Bien analogía.
No me gustó Avatar, no me cuestioné tanto, pero sí, se entiende tu idea
—Loreno · 28 enero, 12:21 · #
Creo que no hay que subestimar a Don Cameron..
Me imagino al tipo cuando escribió la película, constantemente queriendo mezclar un tanque cinematográfico (el más masivo de la historia probablemente) y a la vez mandar un mensaje, cosa que resulta altamente complicado. Ahi está la habilidad y el atractivo. Es parecido a Matrix en ese sentido, (obviamente salvando las distancias filosóficas), el objetivo es hacer una megapelicula que a la vez tenga un mensaje. Si Cameron se zarpaba un poco más con la complejidad de las analogías, ya el pochoclero medio no iba a agarrar el mensaje. Y si en vez de seres azules, eran nativos africanos, la película no sería exitosa, porque a la gente no le gusta que le refrieguen constantemente que está viviendo en un sistema perverso que destruye ecosistemas milenarios y produce bienestar a costa de la miseria de otros. Pensándolo bien, ¿esto lo hace más perverso todavía no? Nos entretenemos con nuestra propia miseria. Triste…
—Francisco · 30 enero, 16:39 · #
J&J: Gracias por el telegrama
Loreno: Coincido en que claramente el objetivo guión y el objetivo megaproducción compitieron en Avatar. Ganó la megaproducción por goleada.
Sin embargo creo que hay muchas muestras de que no hace falta que sea así necesariamente: el primer ejemplo que me viene a la cabeza es Star Wars, la peli que Cameron intentó superar según él mismo reconoce. La peli de Lucas es mil veces, más creativa y no por eso deja de ser una peli popular. El resultado final de una trama tan poco trabajada es que se rompe el encanto y uno se termina resignando a mirar como quien mira un paisaje, y evitar prestar atención cada vez que, por ejemplo, habla el general ridículamente sacado.